En tiempos de transformación acelerada, donde la escuela se ve interpelada por nuevas realidades sociales, culturales y económicas, se vuelve imprescindible revalorizar aquellos espacios de formación que son pensados, diseñados y dictados por nuestros propios docentes, desde nuestro sindicato. Espacios que, lejos de reproducir fórmulas prefabricadas, habilitan instancias de reflexión crítica desde el conocimiento situado. En este contexto, recuperar la importancia de las efemérides como objeto de análisis y revisión en el ámbito escolar se presenta no solo como una tarea pertinente, sino urgente.
Durante décadas, las efemérides ocuparon un lugar casi incuestionable en la rutina escolar: fechas fijas, actos solemnes, discursos heroicos y una narrativa lineal de la historia nacional. Sin embargo, en los últimos años, tanto desde la formación docente como desde los debates académicos, se viene repensando profundamente su sentido, función y vigencia. ¿Qué historia contamos cuando conmemoramos una fecha? ¿A quiénes recordamos y a quiénes dejamos fuera? ¿Qué imaginarios construimos sobre nuestra identidad nacional?
Hoy, repensar las efemérides es también repensar la escuela. No podemos seguir celebrando fechas con moldes del pasado, si quienes habitan las aulas han cambiado radicalmente. Las nuevas generaciones traen consigo otras formas de comprender el mundo, de vincularse con la historia y de construir sentido. La identidad nacional ya no puede construirse solo desde el homenaje a próceres o desde relatos unívocos. Debe ser un proceso colectivo, abierto, crítico y plural.
Aquí radica la fuerza de nuestro sindicato como motor organizador: en la creación de espacios formativos pensados desde y para la docencia, donde el conocimiento se construye colectivamente, con compromiso, conciencia crítica y la convicción de transformar la educación desde nuestras propias voces.
Somos nosotros, las y los docentes, quienes conocemos a nuestros estudiantes y sus realidades. Desde ese lugar, somos capaces de generar espacios formativos que habiliten el diálogo entre la memoria histórica y los desafíos del presente. No se trata solo de transmitir saberes, sino de promover el pensamiento crítico, la escucha activa y el compromiso con una educación más inclusiva, contextualizada y profundamente transformadora.
En definitiva, revisar el sentido de las efemérides nos permite seguir construyendo una escuela que dialogue con su tiempo, que mire de frente a sus estudiantes y que apueste, con convicción, a una ciudadanía más justa, consciente, participativa y democrática.























